Entrevista a Mauricio Bruce, Chamán y escritor

 

DSC 0949 okUn sueño hacia el camino de la libertad

Muchos hemos soñado con dar un vuelco a nuestras vidas para seguir nuestra pasión, pero ¿cómo sería si el vuelco es literalmente detonado por un sueño, un llamado onírico que te impulsa con urgencia a seguir un nuevo rumbo? Mauricio Bruce conoce la respuesta, él despertó para seguir su verdad y transitando el camino del Chamán, hoy acompaña a otros a creer y crear desde su propia verdad un camino de libertad.

Es de noche y un ambiente cargado de magia y a la vez profunda realidad, envuelve la atmósfera de esta entrevista incluso antes de iniciarla. El calor de una chimenea reemplaza la fogata en torno a la que nuestros pueblos ancestrales tejían sus relatos sagrados, y sentado junto a ella Mauricio Bruce me recibe con ojos transparentes y una risa sincera y contagiosa, para compartir con nosotros su recorrido personal, aquél que en esta noche lo tiene en Chile con motivo del taller El Creador Valiente, lejos del sueño americano de su juventud, y viviendo en su reemplazo uno mucho más real.  Este escritor y  guionista costarricense es autor de dos novelas y de una profusa colección de escritos que transcurren en mundos fantásticos llenos de magia, que quizás nunca imaginó podrían entremezclarse con la realidad, para invitarlo a descubrir su verdadero llamado en el planeta: transitar el camino del Chamán, una sabiduría ancestral que más allá de los ritos él describe como un camino de libertad. Hoy acompaña a las personas a recorrerlo a través de  El Umbral de la Montaña, su escuela en Costa Rica, y El Umbral del Fuego, su sede internacional, donde dicta diversos talleres de medicina energética y formación chamánica en Perú, Chile y Estados Unidos.

Esta es su historia, está llena de magia, sincronías y verdad, y él es categórico en declarar que todo quien esté dispuesto a escuchar y seguir su alma, puede vivir la propia.

Cuéntame más sobre ti ¿Cómo recuerdas tu infancia y juventud, tuviste siempre la magia presente en tu vida?

Creo que a los 7 años tuve noción de tener la capacidad de percibir señales y situaciones más allá de la realidad concreta, pero siempre recuerdo la sensación de temer a esas situaciones y una necesidad de negar esta faceta. Por ejemplo, fui muy miedoso de dormir solo como hasta los 16 años, mi mamá me decía “cómo puede ser que un hombre de 16 no pueda dormir sin la luz del corredor encendida” y creo que era por esa sensibilidad, porque veía, escuchaba, sentía cosas que no eran “normales”. Trataba de llevar una vida común, ocultando y negando todo esto, a excepción de cuando mi madre a los 15 años me obsequió mi primer mazo del Tarot, que al poco tiempo me hizo convertirme en el lector de tarot de mi clase y luego  toda mi escuela (risas). A los 18 años se me reventó el apéndice y estuve como un mes muy grave en el hospital, a punto de la muerte, y entonces sí comencé a tener visiones y visitas muy fuertes, recuerdo ver personas rondando mi cama, comentarlo con mi mamá, y sentirme muy inquieto frente a todo esto. Pero en cuanto me curan de la enfermedad, me gradué del colegio y me fui a estudiar a Estados Unidos, que era mi sueño. Mi papá quería que yo fuera abogado o doctor, y aunque había pensado en ser doctor, después de esa experiencia me fue imposible, entonces decidí que iba a ser escritor de cine. Durante la universidad yo guardé el mazo del tarot y dije “nada más de magia, ahora voy a ser cineasta y tener una vida normal”

¿Y cómo transcurrió la vida normal en ese entonces?

Luego de titularme en Literatura y escritura creativa, trabajaba de tiempo completo en el departamento de admisión de estudiantes de una universidad americana, y al mismo tiempo escribía guiones y muchos cuentos, de hecho casi todos ellos están centrados en un ambiente mágico y tienen que ver con una persona normal y un mundo mágico que los invita, que era lo que me pasaba a mí (ríe). Rápidamente me di cuenta de que por más que me divertía, esta vida no me llenaba. Si bien al principio el trabajo estaba bien, con el paso del tiempo comencé a sentirme esclavizado, porque trabajaba 45 horas a la semana para algo en lo que no tenía interés, en lo que no creía, mi vida no me hacía sentido, me estaba comprimiendo y sentía que estaba a punto de reventar. Así comenzó mi búsqueda, tuve que volver a abrir esta puerta interior y revisar. Busqué por muchos caminos, primero a través del tarot, luego astrología, regresiones a vidas pasadas, magia ritualista. Al principio entraba en estos conocimientos todo emocionado y luego sentía que no era, me encontraba con cosas rarísimas como “Vamos a ir a rezar al dios del bosque” y yo decía “¿Qué, a quién? ¿Qué es esto? ¡Nada que ver!“ (ríe a carcajadas), porque siempre he tenido mucho miedo de ser hipócrita, entonces si yo iba a practicar algo, tenía que ser algo que me tocara, me llenara, y en lo que yo pudiera creer.

¿Y cómo surge finalmente el llamado hacia el camino correcto?

En 2007 tengo un sueño que orienta mi búsqueda hacia el chamanismo,  mi camino y a lo que me dedico ahora. En él me apareció un chamán, y en ese entonces para mí esa palabra era como de novelas y me transportaba a África, a un señor con máscaras gigantes, tocando tambores o algo similar, para nada relacionado con lo que vi en mi sueño. En él me encuentro en una clase en Ciudad de México dirigida por un mago que nos está enseñando a hacer movimientos con nuestras manos para lograr que los árboles florezcan. Cuando acaba la clase el mago dice “Ya que estamos en México, aquí en la esquina hay un chamán, los que quieran ir a conocerlo y conversar con él pueden venir”, yo decido seguirlos porque no tengo nada que hacer y cuando llegamos donde el chamán hay una fila larguísima de gente que va a avanzando de a poco. Cuando finalmente llega mi turno, me ofrecen pasar a casa del chamán si quiero hacerle una pregunta, y como yo no tenía nada que preguntarle pues ni siquiera sabía quién era él, decido quedarme afuera comiendo una barra de granola. En eso, su asistente me dice “Mauricio, el chamán quiere hablar con usted, pase” y mientras pienso complicado dónde guardar mi barra de granola, escucho la voz del chamán que me dice “Mauricio, tranquilo, hablemos desde aquí, cierre los ojos y ahora vuélvalos a abrir”. Y cuando los abro me encuentro en otro lugar, un cuarto vacío con piso de madera, paredes blancas y cortinas, como si estuviera frente a un telón de teatro.  El chamán me pregunta “¿Sabe dónde está?”, le respondo que no y me dice “Abra las cortinas, fíjese”, y cuando las abro veo una colina que fue quemada, llena de cenizas con árboles aún en brasas, y al fondo noto un grupo de gente en fila yéndose del lugar. Le digo al chamán “No tengo idea de qué lugar es este”, él insiste “Fíjese más, vea la fachada de este lugar”, y cuando me aproximo a la ventana para ver cómo luce el exterior, me doy cuenta y le digo “Pareciera la casa de mis papás pero no es, porque así no es la vista allí” y él me responde “Así no es la vista todavía… Pero si usted no se devuelve a su país y hace lo que tiene que hacer, así va a ser” En ese momento desperté temblando, muerto de susto, porque no entendía nada, lo primero que pensé era qué significaba, pensé en mis papás, por qué la casa estaba vacía y no había muebles,  qué significaba el fuego… el sueño era como un apocalipsis. Y frente a ese sueño sentí una presión y un llamado aún mayor para hacer lo que tenía que hacer: dejar ese trabajo donde estaba gastando mi vida sólo por vivir en Estados Unidos; y la pista para mí fue el chamán: ¿Quién es un chamán, por qué un chamán mexicano?, entonces comencé a investigar y revisar, y llegué a un par de artículos de Alberto Villoldo, quien por sincronías justamente daría una charla en Chicago semanas después de mi sueño, y por cierto luego sería mi maestro.

¿Cómo finalmente confirmas que ese es el camino que habías añorado, y decides seguirlo?

Desde la primera clase me sentí claro, sólo me repetía “¡Lo entiendo, lo entiendo, aquí es, esto es!”, lo sentía muy claro. Mi certeza era tan grande que terminando mi educación chamánica cerré todo en Estados Unidos y volví de inmediato a Costa Rica, dejando ir mi destino viejo que era conseguir la residencia americana  definitiva. En ese momento dije “Universo, te voy a hacer caso y voy  a soltar esto que siempre había sido mi sueño desde niño”, pero aun así cuando puse mi renuncia me pasé el resto del día pensando “¿Qué hice?! Estudié en una universidad Top Ten en Estados Unidos para volver a Costa Rica y ¡¡ser chamán!!” (ríe alegre). La semana que llego a Costa Rica me ofrecen una oficina hermosa en un centro de terapias alternativas pagando apenas 100 dólares al mes, y tres meses más tarde recibo una carta del gobierno americano, que dice “Felicidades, usted ha recibido su visa de residencia definitiva en Estados Unidos”, siendo que al dejar mi trabajo el abogado me explicó que debería quedarme al menos 8 años más para poder obtener mi residencia, pero 3 meses más tarde, yo tenía mi visa. Entonces comprendí que el universo me dijo “Como confiaste, esto también es para ti”

A pesar de tu certeza ¿Fue complejo sostener tu elección? ¿Desde qué lugar pudiste hacerlo?

No fue nada fácil, porque cuando volví a Costa Rica al principio me sentía un fracasado, el primer año me castigué un montón porque tenía un cliente por semana, y el resto del tiempo estaba mirando el techo, me sentía como un vago, y cuando me llegó esa visa pensé en quizás volver a Estados Unidos y buscar un trabajo serio. Busqué varias excusas para decir “el chamanismo no es mi camino, lo estoy inventando” y, sin embargo, cada vez que yo trabajaba con una persona y veía la manera en que podía directamente tocar su corazón y tocar su vida, algo en mí me decía “Esto es”, y era tan fuerte y tan seguro, que todas esas noches que tenía inseguridad, miedo, terror, eso me sostenía y me decía “Debo seguir”.  Entonces hice un trato conmigo mismo, donde definí ponerme un límite de 2 años en los que pondría todo mi esfuerzo y energía en el chamanismo;  y si en 2 años seguía sin avanzar, entonces me buscaría otro trabajo, dejaría esta fantasía atrás y volvería a la vida real. Y en el momento en que hice ese trato dejé atrás la culpa y me hice cargo.

Después de tanto esfuerzo y determinación, ¿Cómo es habitar este espacio que lograste?

 Siento que creé la vida que yo quería en donde estoy en línea con lo que mi corazón y mi alma me dijeron. Tengo la certeza de que estoy viviendo una vida que es real, al menos para mí, donde puedo decir que todo lo que estoy haciendo es algo en lo que yo creo firmemente y llevo una vida completamente genuina respecto de quien yo soy. Después de que tuve el sueño, se me han dado tantas coincidencias y sincronías que yo sé que voy bien, cada vez que hay una sincronía lo único que hace es darme una palmada en la espalda y recordarme que siga, hay momentos duros pero sigo, porque sé que hay algo más. Cuando en la noche me acuesto a dormir me siento satisfecho, lleno, siento que estoy usando mi vida para algo que para mí es real ¿Soy millonario? No, no soy millonario, ¿Soy feliz? Soy demasiado feliz! Y ese es el valor de mi vida.

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¿Cómo definirías de qué trata el ser chamán, y cómo acompañas a las personas desde el chamanismo?

Chamán es la palabra que yo he adoptado porque es la que más calza.  Para mí el camino del chamán es un camino de libertad, el camino de la liberación, porque lo que hacemos es quitarnos todas las ataduras que nos hemos puesto, para poder ser lo que realmente soy. Es un camino de empezar a cortar todas esas creencias que alguien más impuso: en la familia, lo que la sociedad dijo, lo que la cultura dijo…“Es que para ser un niño bueno… es que para ser querido… es que para ser espiritual…” Es que para ser yo ¿Qué es lo que quiero hacer?: Es mi vida, yo me la vine a vivir, y a vivir para mí, no para mami o papi, para nadie más. Si yo vivo una vida genuina y en fila con lo que soy y creo, entonces muchas personas alrededor mío puedan verse beneficiadas por eso, partiendo por mí. Si no me concentro en sacar la luz por mí, no va a salir por nadie más. Así es como acompaño a mis clientes: sosteniendo un espacio para ellos donde pueden ser libres de juicios y creencias para crear su propia realidad, para crear y elegir su propio camino, un espacio de posibilidades infinitas, sin juicios. He llegado a descubrir y poder practicar que finalmente el chamán es como un doctor del alma, un coach del alma. Desde ahí sucede sanación física, sanación emocional, psicológica, a todo nivel, porque en ese lugar todo es posible, considerando desde la perspectiva que la que limita es la mente, y todo el bagaje que traigo de mi historia.

¿Entonces todos podríamos tener la posibilidad de escuchar nuestra alma, conectarnos con nuestro potencial y hacer lo que queramos?

Cien por ciento, cualquier persona que se lo proponga lo puede hacer. Hay gente que me dice “Ay pero es que seguro que a usted lo escogió el cielo para hacer esto”, y yo no me siento para nada el escogido del universo. Yo pongo el ejemplo de que todo el mundo puede tocar piano: Algunos desde niños son virtuosos, a otros les puede costar más, pero quien se lo propone aprende a tocar. Yo creo que esto es igual.

¿Cuál podría ser un primer espacio para contactarse con nuestra alma, cuando a veces hemos querido conectarnos con ella pero no hemos imaginado la forma de lograr algo similar?

Una vía pueden ser los sueños, y no es necesario esperar a que llegue como fue mi caso, sino que podemos empezar a empollar un sueño: hay una técnica que me gusta mucho para eso, donde se toma un objeto que podría ser una piedra, y formulas una pregunta como por ejemplo “¿cuál es el llamado de mi alma?”, y se sopla esa pregunta sobre la piedra desde el corazón, desde la necesidad que el corazón tiene de saber esa respuesta, no desde la cabeza. Esa piedra se pone en la mesa de noche o debajo de la almohada, y se empieza a empollar el sueño. Si esa noche no sale, la noche siguiente vuelves a soplar la pregunta desde el corazón, y se carga más esa piedra. Este pequeño ritual nos ayuda hasta que aparece el sueño, y cuando el alma te habla en un sueño uno se acuerda, es clara, es determinante, y estoy seguro de que todos podemos recordar al menos un sueño en que al levantarnos dijimos “aquí había algo más”.