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Escrito por Minerva Gebran

Cada vez que los seres humanos tenemos alguna insuficiencia, algo que hacemos brillantemente es desarrollar alguna disciplina que nos permita hacernos cargo de eso que no podemos solucionar con lo que ya sabemos. Así, el coaching surge como una respuesta natural a la insatisfacción que comenzamos a sufrir como humanidad, debido en gran medida, a los inventos del último siglo. Cuando el racionalismo surgió como conocimiento, logramos una cantidad de soluciones a nuestra manera de vivir: los inventos científicos nos han permitido mayor bienestar en el estilo de vida, el espacio virtual nos abrió las fronteras del mundo y comenzamos a tener una vida en la que la mente brillante posibilitó lo antes impensado. Como humanidad creímos (y algunos filósofos nos ayudaron a creer), que la existencia humana tenía que ver con nuestra capacidad de pensar, de razonar y aseguramos que la razón o lo cognitivo, era nuestra “única” forma de inteligencia. Subrayo única, porque esta es una de nuestras formas de inteligencia, pero no la única. A partir de esta realidad racional que nos construimos, dejamos de lado otros tipos de inteligencia que nos permiten tener una vida más integral y más plena. Y cuando digo que la dejamos de lado, es textual: Dejamos de dedicar tiempo y energía a aprender en otros dominios, a investigar sobre esos otros lugares de conocimiento. Así por ejemplo, no han sido inocente para la humanidad las consecuencias de haber dejado afuera el mundo de las emociones, generando que desde el poco conocimiento que tenemos de este dominio, no nos podamos hacer cargo de las situaciones que provienen de él.

Así como somos seres intelectuales y cognitivos, también somos seres emocionales, seres que nos movemos en el mundo de acuerdo a lo que sentimos, que tomamos decisiones de acuerdo al lugar emocional en que estamos parados: Cada vez que un ejecutivo en una organización hace un negocio, lo hace pensando y también lo hace desde algún lugar emocional. Si lo hace desde la valentía,  entonces seguramente analizará aquello que puede fallar para prever que no falle y también arriesgará algo. Si lo hace desde la apatía, seguramente le pondrá menos energía y ganas a ese proyecto. La valentía es una emoción que nos predispone a tomar riesgos sabiendo que puedo perder algo. Pero si yo como ejecutivo no aprendí en mi vida la valentía (que no es cognitiva, sino emocional), no voy a tener disponible la posibilidad de arriesgarme en un negocio. Este es el valor que tiene poder incorporar el mundo emocional al aprendizaje cotidiano.

Sabemos tan poco del mundo emocional que hasta le tememos, por lo tanto, preferimos muchas veces ignorarlo y hasta negarlo. ¿Sabían ustedes que los seres humanos sentimos más de 100 emociones y más de 150 estados de ánimo? Y sólo manejamos y legitimamos unas 10 de ellas. Este es el nivel de ignorancia que tenemos sobre esta fuente de inteligencia que nos pertenece como humanos.

Así como lo intelectual, cognitivo y racional lo aprendemos por instrucción,  ya sea leyendo un libro, escuchando a alguien que nos dice cómo es eso que estamos aprendiendo, o investigando sobre el tema en cuestión; el mundo emocional se aprende por inmersión, se aprende inmerso en esas experiencias emocionales. Si le enseñamos a un colaborador nuestro a confiar para poder delegar, no va a bastar que le digamos: confía. Esa instrucción la va entender nuestra cabeza, pero no nuestra emoción.  De hecho, tenemos 3 cerebros distintos, el cognitivo, el límbico y el reptil; y cada uno de ellos aprende distinto y a diferencia de lo que podemos imaginar, entre ellos no se comunican muy bien, entonces requerimos asegurarnos que estos cerebros puedan conversar, es decir, compartir el mismo aprendizaje. Esas conexiones de aprendizaje se llaman sinapsis. Así, si queremos enseñar a alguien a que aprenda la confianza, tendremos que hacerle una inmersión en ese mundo emocional, para que a través de las experiencias vaya sintiendo posible la experiencia de confiar.

Otra gran fuente de inteligencia que dejamos de lado fue el mundo de nuestra biología, de nuestro cuerpo. A nuestro cuerpo físico le hemos dado valor sólo en cuanto a la apariencia que tiene y al deporte, olvidando que el cuerpo es el único que nos permite ir a pedir aumento de sueldo, pararnos delante de 100 personas para hacer una charla en la empresa, decirle a alguien que hizo muy bien su trabajo, o sostener una reunión muy tensa. No es sólo la mente la que está presente en esas situaciones, también lo que sentimos, y por supuesto que nuestro cuerpo.

Nuestra corporalidad es tan inteligente que aloja una memoria de conocimientos en todos lados, en todos los órganos, no solo en la mente. Sabido es por ejemplo, que aunque una persona tenga 20 años sin subir a una bicicleta, si ese cuerpo aprendió a hacerlo alguna vez, lo único que necesita es volverlo a hacer para que ese conocimiento conecte de nuevo. Hemos dejado de escuchar a nuestro cuerpo, que en su inmensa sabiduría muchas veces nos avisa que algo no está bien. Por ejemplo, el cansancio es una forma de nuestro cuerpo de avisarnos que necesitamos parar y descansar, y en vez de escucharlo muchas veces seguimos de largo hasta que caemos en cama con alguna gripe o un cuadro de estrés. Otras veces lo que hacemos es medicarnos para sacar al cansancio a un lado. En nuestra sociedad el cuerpo termina siendo un estorbo en vez de un aliado para nuestras vidas, y en gran parte, las enfermedades que estamos teniendo como humanidad tienen que ver con la desconexión que estamos teniendo con este dominio de conocimiento, que por lo demás es simple, sencillo y muy claro en sus mensajes. Si la acidez y dolor de estómago me están advirtiendo que la manera en que estoy viviendo me está haciendo daño, tengo la posibilidad de hacer algunas transformaciones en mi estilo de vida o tomar pastillas para no sentir a mi estómago. Si tomo pastillas, entonces voy a atacar el síntoma, pero no la causa; si hago un cambio en mi estilo de vida, lo más seguro es que evite una enfermedad mayor y no necesite invertir tanto dinero en pastillas.

Otro aspecto del mundo corporal tiene relación con lo que mi cuerpo puede hacer y lo que no. A modo de ejemplo, yo puedo tener una biología que sabe escuchar y que no necesariamente sabe poner límites, entonces si estoy en mi trabajo y mi jefe necesita un informe para mañana y yo no puedo entregarlo, lo más probable es que escuche atentamente su pedido y luego le diga que sí, en vez de escucharlo y decirle “Puedo hacerlo pero no para mañana, sino para pasado mañana”. Nuevamente este ejemplo no es exclusivamente racional, pues aunque yo entienda cognitivamente que lo lógico es que le diga que no para mañana, mi cuerpo puede no haber aprendido cómo decir que no, entonces, a pesar de que sé que debo decir que no para mañana, mi cuerpo solo sabe decirle al jefe: “sí”.  El aprendizaje corporal ocurre por repetición, por modelaje y por recurrencia, tal como la bicicleta. Si ustedes se dan cuenta, los grandes virtuosos en instrumentos practican muchas horas para así lograr que ese aprendizaje se haga cuerpo. Nosotros en cambio para vivir, tratamos de movernos lo menos posible o ignorar nuestro cuerpo en esto de vivir.

Hay otros dominios que dejamos afuera, pero si al menos  traemos de vuelta a nuestra fuente de conocimiento el dominio emocional y corporal junto al racional-cognitivo, entonces podremos hacernos cargo de nuestras vidas de una manera más integral.

De esto se ha hecho cargo el coaching en los últimos 20 años, de integrar a nuestras vidas, en todos los ámbitos que necesitemos, todos aquellos aprendizajes que nos permitan una mirada más amplia, con más recursos a la mano, con más libertad para movernos y además no ignorando tantos aspectos que por más que queramos no mirar, nos siguen sucediendo.

El coaching apuesta que los seres humanos podemos aprender todo aquello que no pudimos o no tuvimos oportunidad de hacerlo, para así tener una vida más integral, más completa, con más posibilidades. Mientras más conocemos sobre nosotros mismos en todos los ámbitos, mayor capacidad de acción tenemos para movernos efectivamente en la vida. De nuestro 100% un 5 % es genético y un 95% es aprendido, esto es una tremenda oportunidad. Si reviso mi vida y no me gustan algunos aspectos de ella, solo necesito echar una mirada a lo menos a estos 3 dominios, para ocuparme de aprender aquello que me posibilite el logro de resultados más positivos.

Los coaches te acompañan en este proceso de aprendizaje, sea cual fuere el ámbito de la vida en donde necesites realizar tu aprendizaje.