Cómo “salir del triángulo” para entrar al poder del tetraedro

Cómo “salir del triángulo” para entrar al poder del tetraedro

Agradezco a todo lo divino en mí cada día, sin embargo lo agradezco mucho más cuando se hace visible justamente en los momentos de mayor adversidad, como si un rayo de sol se deslizara como una rendija para dejar de hacer totalmente oscura mi visión cuando ya todo parece perdido allá afuera. Sí, hay veces en que me voy a negro y ya no sé cómo hacer frente a algún problema, ya sea porque me quedo corta de soluciones, de habilidades personales, o como hoy, porque el problema se ha hecho tan crónico que ya no veo más salida que terminar una relación de raíz.

Escrito por Natalia Franco

 

Aunque no me es desconocida esa sensación de irme a negro en mis años de existencia, en el presente sólo me sucede cuando quedo desconcertada, sin saber cómo reaccionar ante una circunstancia que me afecta, qué respuesta dar, desde qué lugar pararme frente a los hechos para vivirlos desde el lugar más equilibrado, constructivo y sano para mi vida. Y sí, me tomo un momento para resaltar la frase “desde qué lugar pararme”, pues con ello quiero resaltar que hoy, después de años de iniciar un aprendizaje y transformación personal mediante el coaching ontológico, no se me olvida excepto por ratitos que SIEMPRE puedo elegir cómo enfrentar una circunstancia.

Cuando inicié mi formación como Coach Ontológico en 2013, uno de los grandes aprendizajes adquiridos fue descubrir que por años me había encontrado personificando el rol de la víctima en diferentes aspectos de la vida: Sí, VÍCTIMA, así con mayúscula, pobrecita, sufrida y humillada, acontecida, golpeada por la rudeza de la vida… tan duro de tragar como incómodo resulta de leer. Sin embargo, descubrir que tenía la posibilidad de dejar el rol y que hacerlo sólo dependía de mi DECISIÓN, fue inmensamente liberador y estimulante para mi vida, permitiéndome avanzar por caminos y despliegues que jamás hubiese podido lograr si no decidía convertirme en protagonista en vez de ser la perjudicada por mis vivencias. Sin embargo, al poco andar de abandonar mi papel estelar, me encontré representando otro que tenía mejor traje pero igual de estrecho: el de SALVADORA, haciendo causa común con las víctimas que, como yo, necesitaban entender que sólo representaban un papel y que todavía no tenían la fuerza para enfrentarse a sus villanos y dolores… Tanto más cansador y estéril fue mi nuevo rol, que al poco rato empecé a desvestirme de esos ropajes que me ceñían perfecto pero apretaban demasiado.

 

Si a esta altura ya empiezas a sospechar que la víctima y el salvador no son más que dos roles desequilibrados que muchas veces representamos en nuestras vidas, estás en lo cierto y sólo te falta un personaje para la teleserie infinita: el VICTIMARIO, con él presente, tenemos la ecuación completa, el TRIÁNGULO DEL DESEMPODERAMIENTO, que con tanta claridad pude aprehender en mi formación inicial, y del que hasta esta misma mañana me sigo cuidando de no caer.

El triángulo del Desempoderamiento no es más que un juego perverso de 3 roles que se necesitan y se nutren para generar drama y quitarnos nuestro poder personal en la vida: la víctima que sufre por un victimario que le hace daño, por lo que requiere un salvador, que implícitamente tiene el poder que ella no tiene de salvarse, o en el peor de los casos, de lamentarse por sus penurias sin que nada sea diferente. Si el salvador o el victimario te suenan más poderosos que la víctima, no te equivoques; ninguno de ellos vive en su real poder: el salvador se hace cargo de batallas que no le competen (muchas veces incluso para eludir las propias!) quitando la posibilidad del empoderamiento personal a la víctima para que dé sus propias batallas; mientras que el villano gasta energía en invadir de un modo burdo e inefectivo a la víctima, que no aprende nada nuevo en su vida para hacer algo distinto de lo que está logrando como resultado, en vez de que ambos pudieran equilibradamente desde su poder personal co- crear soluciones y posibilidades distintas.

 

Hoy que actúo menos mi personaje de víctima y de salvadora, salvo por contadas ocasiones en que me veo recitando de nuevo el mismo verso, he necesitado cuidarme de no creerme villana cuando defiendo lo que me es valioso, ni realmente serlo cuando en esta defensa me excedo en una forma inapropiada o demasiado dura.

 

Esta mañana mientras estaba en negro precisamente pensaba en eso: cómo reacciono ante esto que me afecta y me hiere sin entrar una vez más en el triángulo… cuando de pronto el rayo de luz se coló con una imagen poderosísima: EL TETRAEDRO. Hace tres años atrás hice un curso de Geometría Sagrada, disciplina que me sigue asombrando por la sabiduría que esconde, mezclando ciencia, arte y espíritu. En esa disciplina, una de las figuras básicas es el TETRAEDRO, perteneciente a los 5 sólidos platónicos, que representa el fuego, el masculino y a la vez el femenino, la energía movilizadora, lo divino unido con lo humano. Siendo más precisa aún, desde una perspectiva sacra y terapéutica la tradición dice que “el tetraedro sirve para la iniciación a mundos superiores. Con su ayuda se puede incrementar y cargar la energía en lugares concretos; actúa como un fuego espiritual que une a las personas y depura antiguas historias a través del conocimiento, el dialogo y el perdón. Libera vínculos energéticos, abre vías energéticas y conduce a la libertad y a la fuerza creadora”.

 

Cuando esta mañana me alumbraba el rayo inspirador que cruzaba mi oscuridad triste, la reflexión que tuve fue tan simple como poderosa: Lo único que diferencia al triángulo del tetraedro es una línea que se traza hacia arriba juntando los 3 extremos en uno superior… en ¡¡Uno Superior!! ¡¡Esa simple diferencia no sólo hace que uno triángulo triste en 2D se convierta en el poderoso y magnífico tetraedro 3D, sino que también puede ser mi clave para trascender el triángulo en el que yo me pierdo!! Logré ver este pensamiento con claridad y sentirlo en mi pecho como una certeza, para darme cuenta de que aquello que nos puede liberar para siempre del juego de roles perversos y estrechos es únicamente la comprensión de lo que los mayas llamaban In’lakech: YO SOY OTRO TÚ, es decir, que la separación y abismal diferencia entre eso que tú haces que es tan horrorosamente diferente a mí, a lo que YO soy, creo, hago, digo, pienso, sueño,…. NO ES TAL. Sólo en la medida en que cada uno de nosotros pueda tomar consciencia de esa idea simple y a la vez inmensamente compleja, podremos abandonar la polaridad del bueno y el malo, el villano y el superhéroe, el ying y el yang como si todos fueran opuestos en vez de complementarios. Si lo vemos de otro modo ¿Qué sería de mi incapacidad de poner límites sin que existiera un otro que me transgrede para permitirme verla y trabajarla? ¿Qué sería de mis miedos sin que alguien no estuviera allí amenazante para verlos, abrazarlos y enfrentarlos? Lo único que nos puede dar perspectiva más allá de los contrastes y las diferencias pueriles entre “buenos y malos” es nuestra capacidad de ver en la paja del ojo ajeno, la materia prima que yo necesito para dejar de ser también otro tuerto complementario.

 



Propuesta de trabajo sanador: MEDITACIÓN CON EL TETRAEDRO 

Contempla el tetraedro durante un tiempo y después cierra los ojos. Va siendo hora de que atravieses el fuego para que todas las cosas se purifiquen y tu puedas liberarte.

Siente la base, imagina como entra luz por arriba en el tetraedro y se forma una espiral luminosa que te atraviesa te alumbra por dentro.

Observa una llama. Contempla lo que ésta puede hacer: transformar la forma solida en energía luminosa espiritual. La llama representa la transformación de un estado a otro. Nosotros con nuestra llama en el corazón, somos capaces de cambiar de estado e incrementar la energía.

Puedes colocar el tetraedro dentro de ti. Es la forma eterna de la luz, y esta luz puede adoptar todos los estados y transformarlos. Con este fuego espiritual puedes transformar todas las cosas equilibrar las energías. Puedes transformar la furia y la ira en amor con ayuda de la compasión, el perdón y la indulgencia.

Convoca primero a tus ángeles y ayudantes espirituales. Después pide en el plano espiritual a la persona con la que tienes cuentas pendientes que se acerque al fuego. Di todo lo que querías decir sinceramente desde hace tiempo. Escucha lo que te contesta la persona. Mantén la comunicación para llegar al conocimiento.

No olvides en esta situación dirigirte a ti mismo, perdonarte y abrazarte de nuevo. La situación, ahora, puede cambiar.

 

Fuego, llama, luz – Dios y yo somos UNO

Referencias:

Jeanne Ruland  – Gudrun Ferenz (2012). Geometría sagrada, Editorial Obelisco, España